Las llaves físicas.
El huésped llega a la una de la mañana porque su vuelo se retrasó. La caja de seguridad con el código se atoró. La copia de respaldo está donde tu mamá. Tú no estás en la ciudad.
Y tu teléfono empieza a sonar. Una vez. Tres. Siete. Hasta que contestas, te visten, manejas, abres, te disculpas, sonríes en la reseña que escribirá al día siguiente.
Cada huésped es una ronda nueva. Cada cerradura física es una pequeña lotería que tarde o temprano vas a perder.